sábado, 17 de septiembre de 2011

Cotidiano


Recién fui a la cocina y quise tomar bebida. Fui al mueble sigilosamente, como si alguien fuera a decirme algo por sacar un vaso. Y tomé el vaso de Ovejita, lo miré y sonreí, por que es lindo el de ovejita. Cuando estuve al lado de la bebida, a punto de echarla en el vaso lo miré y pensé... "Puta no puedo". Me devolví a dejar el vaso y saqué el que es mio... el Vaso de Vaquita. Yo sé que el Negro jamás se iba a enterar de que tomé en el de ovejita y no en el de vaquita. Pero no pude, no pude. Muerta de la risa tomé mi bebida preferida en el vaso que me corresponde.
Esa es mi historia de hoy C:

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